|
Personaje
Popular
MANOLO FRÍAS
PUEYO (19-1991)
Manolo
Frías Pueyo nació en Fitero. De joven, tras pasar por la
Escuela, iba con su padre a repartir carbón. Le ayudaba
también en su oficio de carpintero, con la "fuela"
y el capazo. En la mili hizo de guardicionero durante tres
años. Luego trabajó con su tío Críspulo Pueyo en el
taller de Guardicionería de la calle Mayor. Al principio,
mientras existieron caballerías en Fitero, Manolo se
ocupaba de hacer cabezadas y aparejos para Fitero y todos
los pueblos de la redonda: Cabretón, Valverde, Cervera,
Almajano, etc. Luego, comenzó a hacer otras cosas:
collares de perro, tiradores, cinturones, albarcas de
goma, calabazas para llevar el vino, fuelles, carteras de
escuela, etc.
Manolo
Frías, además de guardicionero de profesión, era una un
hombre "templao", de "chispa", donde
los haya. Ocurrente, era un excelente contador de anécdotas
y de historias reales. Su manera de decir las cosas le hacían
amigo de todo aquel que tuviera sentido del humor y del
ingenio.
ARTESANO
Y ARTISTA.
Manolo
Frías además de ganarse la vida arreglando aparejos y
haciendo otras cosas, se dedicaba, en sus ratos libres, a
reproducir, en pequeño aperos del campo en miniatura. Su
exposición adornaba su taller, junto a su mesa de
trabajo.
PERIODISTA
Además
de artista y de hombre ingenioso, Manolo Frías tenía una
afición enorme por escribir sobre cosas de su pueblo. Ha
publicado artículos en la prensa de Navarra (Diario de
Navarra) y Heraldo de Aragón (uno sobre Villalta). Desde
que salió la Revista Fitero, Manolo colaboraba con sus
responsables escribiendo historias variadas: "El
Banco de Carpintero" (Fitero-80), "Anédotas
Fiteranas" (Fitero-82), "Mi abuelo Críspulo
Pueyo" (Fitero-83), "Anécdotas Fiteranas",
"Vecinos del Pueblo", dedicado a D. José María
García Lahiguera (Fitero-89) "El Taller de mi tío
Ricardo" (Fitero-90), "Orteguita", "En
recuerdo de El Tumbo" (Programa de Fiestas de 1988).
En ese mismo Programa Jesús Bozal le hizo una pequeña
entrevista en la que cuenta cosas interesantes. En 1991,
tras su fallecimiento, J. B., agradecía a Manolo Frías
su amistad, su afán por colaborar con la Revista Fitero y
los ratos que había pasado en aquella guarnicionaría,
recibiendo lecciones magistrales de narrativa oral a cargo
de un hombre cuya pérdida significó un duro golpe para
cuantos estamos interesados por la historia pequeña de
Fitero.
En el Vídeo
sobre "El Monasterio de Fitero" (1989), se le
grabó un pequeño reportaje sobre su colección de
miniaturas.
Además
de aficionado a la escritura (todavía se conservan los
cuadernos en los que apuntaba las ideas para sus artículos),
tuvo en su tienda el único kiosko de periódicos
existente en Fitero durante un cuarto de siglo. Su mujer,
fiel compañera de Manolo, fue quien se hizo cargo,
durante estos 25 años, de su venta y distribución.
Manolo
Frías hacía Calabazas de Peregrino. En la Revista Fitero-89
y en el Programa de Fiestas de 1988, contaba él mismo el
proceso que hay que seguir para fabricarlas.
LAS
CALABAZAS DE PEREGRINO
"Primero,
se siembra (la semilla tiene que estar
"grillada"). Una vez que se consigue que brote -
la calabaza sale a base de tempero y calor, a la sombra de
un árbol -, se deja en la mata para que cure y se le
arranca antes de que lleguen los hielos. Una vez
arrancada, se la deja un año o más secándose. De esta
manera, la humedad del interior sale fuera. De ahí las
manchas que tienen. Una vez secas, se abre el agujero con
un "limato" y después, con un gancho, se sacan
todas las pepitas. Al final, se les da una mano de barniz
y se le añaden las correas".También hacía saleros
con partes de estas calabazas.
|