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Joyas
del Monasterio
De pequeño tamaño y
labrada en marfil, está datada, por su inscripción, en el año 966. Se trata
de una obra maestra de la producción de los talleres hispano-musulmanes,
correspondiente al período califal. Al igual que otras obras de su estilo y
cronología, como el bote de la Hispanic Society o la cajita del Instituto
Valencia de don Juan, estuvo destinada a contener perfumes o joyas, pero al
pasar a manos eclesiásticas se destinó a relicario. Su llegada a Fitero queda
desvelada por un inventario del relicario monacal, en donde leemos textualmente:
"arquilla que es de marfil y toda de una pieza y labrada toda de relieve,
que en la tapa tiene un gran rótulo arábigo con muchas reliquias que no se
sabe de quien son y hay un escrito del abad Egüés de 1523 que dice se las
dieron de la sacristía dela iglesia mayor de Pamplona....No se sabe de quien
son porque antes estaban en plata y en 1270 entraron en la navarreria y se lo
llevaron todo". El texto no aclara si la arquilla fue un regalo asimismo de
los canónigos de Pamplona al citado abad.
Los
frentes laterales y tapa de la caja se decoran por hojas y palmetas que
brotan de tallos ondulados, motivos todos ellos enmarcados por una especie
de comas, muy frecuente en piezas del momento. En este ejemplar de Fitero se
repiten algunas de las características de la famosa caja de Leyre: horror
vacui, tendencia a la simetría y detallismo en arabescos, hojas y palmetas
que componen su repertorio ornamental. El uso de la decoración
exclusivamente vegetal es propio de la primera etapa de los talleres
califales, ya que a partir del año 968, por iniciativa del propio artífice
de esta arqueta, Halaf, en el bote de Almoguira comienzan a introducirse
figuras y escenas. En el borde de la tapa se desarrolla una inscripción en
ctifico, cuya lectura ha dado lugar a algunas variantes en su lectura,
siendo la más aceptada la que da Ferrandis, que dice: "En el nombre de
Alá. La bendición de Alá, prosperidad, felicidad, alegría y gracia o
beneficio para la queridísima Walada. (Esto es) de lo que ha sido hecho en
Medina Azahara el año cinco y cincuenta y trescientos. Obra de Halaf “'.
Pixide de esmalte de
estilo románico final, datable hacia 1200. En este caso. el haberse
salvado hasta nuestros días se a debido a que contuvo sobre su cubierta la preciada
reliquia de San Blas, muy venerada desde siglos atrás, de tal modo que
esta arqueta eucarística se conoció tradicionalmente como "El
Relicario de San Blas" y así aparece en la ilustración del libro de
Madrazo en el siglo pasado. En algunos inventarios del siglo XVI se le describe
como "una que es de alatón morisco con su cerradura".
Tradicionalmente se le a considerado como obra e los talleres de Limones,
pero la critica actual defiende el posible origen de algún taller hispano
, de Silos Burgos o quizás algún taller ambulante. Presenta
trazada de cubo, que apoya en patas y se remata por cubierta a cuatro
vertientes con bola y cruz modernas. Las aristas de las caras se refuerzan
por baquetoncillos estriados y por sencillas cenefas de motivos geométricos.
Las partes esmaltadas lo están con la técnica "Champlevé" o
de campeados, consistente en excavar la lamina de metal y rellenar los
huecos resultantes con pasta vítrea. El color fundamental es el azul, que
, con el dorado de las figuras, proporcionan un rico contraste. En el
frente se representa en relieve un cristo crucificado entre la virgen y San
Juan, culminados por los bustos y dios padre bendiciendo en la
cubierta, Las caras laterales presentan dos medias figuras de Ángeles con
las alas extendidas y plegadas, respectivamente.

Otra
arqueta de chapas de marfil y alma de madera se decora con motivos de cetrería
pintados en círculos -jinetes con halcones en diferentes posiciones- y se
data a finales del siglo XI, Dos arquillas de madera que contuvieron
reliquias en otro tiempo datan de los siglos XII y XIII. La primera es románica,
de la segunda mitad del siglo XII, y se decora con pinturas del tetramorfos
sobre fondo rojo. La segunda pertenece al gótico internacional y presenta
escenas de la Anunciación en los lados menores y del Ángel con las Santas
Mujeres en el sepulcro. Su cronología debe situarse en torno a los años
finales del siglo XIII.
A
estas arquillas de madera hay que agregar otra cajita del mismo material de
posible origen aragonés, datable con precisión hacia 1320-1326, con las
armas de los Foces y las de Leet, y que perteneció a doña Sancha Vallés
de Foces, esposa del alférez de Navarra Juan Corbalán de Leet, que la usaría
como estuche de objetos suntuarios.
En la
sacristía de la abadía se guardaron importantes piezas de bordado y plata,
tal y como señalan algunos inventarios que hemos podido localizar. La mayor
parte de la rica colección de objetos de orfebrería -coronas, sacras, cálices,
custodias, lámparas, vinajeras, ese.- no se ha conservado, en parte por
haber sido fundidas para realizar otras piezas nuevas, pero sobre todo a raíz
de la venta que los ayuntamientos del siglo pasado hicieron de tales objetos
en momentos de excepcionales circunstancias. Las citadas enajenaciones
tuvieron lugar en 1811, en plena francesada, obteniéndose un beneficio de
20.472 reales de vellón en la primera; 10.375 en la
segunda al venderse entre otras piezas
seis cálices con sus patenas, un copón grande,
el viril, un plato de vinajeras, otro plato, un vaso de comunión, dos
campanillas, un incensario y una cruz y, por fin, 6.179, producto de la
venta de tres cálices con sus patenas y cucharillas, un copón grande, dos
portapaces, una cruz procesional, un Santo Cristo, un incensario y una
naveta.
Entre
las piezas conservadas merecen reseñarse el brazo relicario de San Raimundo
y el relicario-ostensorio de San Andrés, piezas del siglo XVIII y éste último
punzonado en Zaragoza. Asimismo algunos cálices del siglo XVII, el Lignum
Crucis del siglo pasado con teca del XVII, una jarrita de pico de comienzos
del siglo XVII y un ostensorio de hacia 1640. La mejor pieza es, sin lugar a
dudas, la gran naveta de plata sobredorada y concha, de talleres noreuropeos,
que fue regalada por don fray Luis Álvarez de Solís hacia 1585. La tipología
de la pieza, los motivos decorativos de la concha y su remate con un animal
al lado de plata sobredorada, hacen de ella algo sobresaliente. Otra pieza
destacable es un copón de filigrana de plata que se ha clasificado como
obra de origen cubano, hay que relacionarlo con una obra semejante,
concretamente al relicario de San Pedro Arbués de la capilla del Ochavo de
la catedral primada, fechado en el siglo XVII.
Fuente del articulo: Revista Panorama "El
Monasterio de Fitero Arte y Arquitectura" D. Ricardo Fernández. |