Cuando se quiere visitar el Monasterio de Fitero, el
turista normal - que pasa cerca del pueblo y quiere saber
cómo es
ese Monasterio al que la televisión ha dado, con
sus focos, casi toda su dimensión - confunde muchas veces
Iglesia abacial con el Monasterio de Fitero. La Iglesia
abacial, centro de culto, desde la exclaustración de los
monjes, en 1835, es una parte del Monasterio de Fitero.
Una parte importante, sin duda, pero no la única.
Por eso, si usted es uno de esos turistas normales -
como lo somos la mayoría -, le proponemos un circuito
para que, si no puede entrar dentro de la Iglesia, no deje
de ver el Monasterio de Fitero.
Lo primero que tiene que hacer, cuando llegue a la
plaza, delante de la fachada del Monasterio, es acercarse
hasta la puerta y mirar con detenimiento los capiteles que
la adornan. Luego, suba las escaleras, hacia el Este, gire
a la derecha, y vaya admirando las enormes paredes de la
Iglesia. Llegarán, poco después, a la Plaza de los
Absides, el rincón más bonito de Navarra, a decir de
algunos. Observen bien, desde el fondo de la Plaza, la
majestuosidad de la piedra desnuda. Por esas ventanas
entraba, desde el este, el sol que acompañaba los rezos
de los monjes. En aquellos tiempos no había luz, por lo
que, lógicamente, tenían que aprovechar la luz del sol
matutino. A su izquierda, puede admirar la parte exterior
del edificio de la Sacristía y el edificio, hoy
Residencia de Ancianos, del Dormitorio Nuevo de los
monjes. En un extremo del edificio estaba la Azotea del
Monasterio. Magnífico edificio que se empeñaron en
tirar, contra la opinión de los habitantes del pueblo.
Saliendo de la Plaza, a mano derecha, saldrán a la
calle Alfaro, en recuerdo del industrial fiterano,
Gervasio Alfaro, quien construyó, para sus criados, las
casas de esa calle, con el lógico cuidado de que no
taparan la vista del Monasterio. Al final de la calle, se
vuelve a girar a la derecha, por la calle de Calatrava, en
cuya calle está situada la
entrada de la Plaza de Toros,
construida en 1897. Al final de esa calle, siguiendo por
el camino que conduce al río, todavía se pueden observar
las piedras que cerraban el huerto de los Monjes, "La
Pieza de la Orden". De vuelta a la Plaza de San
Raimundo, se encuentran los edificios civiles del
Monasterio (hospedería y oficinas del Monasterio, hoy
Ayuntamiento y Club de Jubilados), el Refectorio Nuevo
(Casa de Cultura). Si entran en el "arquillo",
podrán admirar la pared lateral de aquel Refectorio
Nuevo, la entrada al Ayuntamiento y la magnífica Plaza de
las Malvas, rodeada por los edificios del: Ayuntamiento y
Club de Jubilados, la Residencia (Dormitorio Nuevo). Si
entran hasta el fondo, podrán situar rápidamente la
Iglesia Abacial y una parte de las dependencias monásticas.
Debajo del edificio que cierra la Plaza (Residencia de
las Hermanas de la Caridad) se encuentra un Lavadero de
Lanas del Monasterio.
Saliendo por el "arquillo", a mano derecha,
tropezarán con la Casa de Cultura (Cine), antiguo
Refectorio Nuevo del Monasterio, la Casa del Abad, con su
derruida Biblioteca, bajo la cual estaba el Refectorio
primitivo del Monasterio, del que ha quedado en pie una
pared lateral. Volviendo a la belena oeste, encontrará,
al fondo, el edificio de la Cocina del Monasterio y un
trozo de la antigua Muralla del Monasterio. Siga por la
belena y tendrá, a su derecha, la pared del Claustro,
hasta que salga de nuevo a la Plaza de la Iglesia.
Si camina lentamente, le gusta la arquitectura sencilla
(cisterciense), sin adornos, y consigue hacerse una idea
de cómo vivían los monjes entonces, habrá conseguido no
hacer el viaje en balde. De esta manera, volverá en una
nueva ocasión y podrá admirar la maravillosa nave del
templo abacial, los Claustros, en grave deterioro y
peligro, el Dormitorio primitivo, encima de la Sala
Capitular, la Girola (detrás del altar mayor) y la
maravillosa Sala Capitular del Monasterio, etc. Si es
usted amante del arte barroco, el Monasterio de Fitero
dispone de ejemplos magníficos: retablos, capilla de la
Virgen de la Barda, etc.
Fitero cuenta con algunas joyas, procedentes del
antiguo Cenobio Cisterciense, de auténtico valor. En esta
misma página WEB podrá usted admirarlas.
Terminada la visita al Monasterio, deténgase
a pensar en la relación entre monjes y vecinos del
pueblo. Observe que los Monasterios del Cister tenían que
ser instalados lejos de las poblaciones. El de Fitero es
un ejemplo casi único. Lo que enriquece todavía más al
pueblo que lo incluye dentro de su patrimonio.