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Retablos,
pinturas e imágenes
El
monasterio de Fitero conserva gran parte de su tesoro artístico.
Una de las mejores obras es el retablo mayor, pintado por
el flamenco Rolan Mois hacia 1590, aunque arquitectura y
esculturas estaban colocadas en 1583. Diseñado por Diego
Sánchez en estilo vignolesco, en él se superponen
distintos órdenes arquitectónicos entre dos columnas
gigantes sin decoración. Las esculturas pertenecen al
romanismo miguelangelesco y las pinturas, preñadas de
colorismo veneciano, presentan escenas de la vida de
Cristo, santos cistercienses y de la iglesia universal.
Mois fue ayudado por Felices de Cáceres, autor del
retablo de la Asunción de la Virgen, de fines del XVI y
estilo aragonés.
Manierista
de inicios del XVIII es el Cristo de la Guía, tallado por
el romanista estellés Bernabé Imberto. Al naturalismo
del barroco, pertenecen varias esculturas de retablos,
como San Bernardo, San Benito y San Miguel, relacionables
con el vallisoletano Gregorio Fernández. Plenamente
barrocos son los retablos de la Virgen del Rosario y San
José, la caja del órgano de 1660 y otras. El de Santa
Teresa, del XVI-XVII, posee un altar extraño por estos
lares y, pese a que se acopla a un muro recto del crucero,
su autor, el cascantino José Serrano, le dotó de
elementos churriguerescos. Sin olvidar el baldaquino de la
capilla de la Virgen de la Barda, de 1736. La imagen, de
fines del XIII o inicios del XIV, con el niño bendiciendo
sentado en su rodilla izquierda, conserva gran parte de la
policromía original. Se conservan varias tallas
procesionales barrocas y la sillería coral del siglo XVI
(acabada en 1601 por Esteban Ramos) de severo purismo y raíces
escurialenses, organizada en dos órdenes de sillas
articuladas por pilastras y columnas con tableros lisos y
esfinges en los brazos. La sacristía y otras dependencias
muestran lienzos, destacando la Sagrada Familia
(manierista, de fines del XVI) y la Transverberación de
Santa Teresa, de Vicente Berdusán.
El
cenobio tembién guarda los restos de varios ternos
regalados por diferentes abades entre el XVI y el XVII,
hechos en Valladolid y otras villas. De la segunda mitad
del XVIII, data una colgadura eucarística bordada en
colores sobre tisú blanco en estilo rococó. La orfebrería
destaca por calidad y tipología, como sucede con una
naveta de concha y plata dorada, de la segunda mitad del
XVI y relacionada con piezas de Rotterdam de hacia 1590, o
con un original copón barroco de filigrana de plata y
tapa bulbosa, sin desdeñar cálices, coronas de imágenes
y relicarios, como los de San Andrés y San Raimundo de
Fitero.
Mención
especial merece una arqueta eucarística de cobre
esmaltado del 1200 con diversos temas figurativos que la
relacionan con la píxide de Esparza de Galar. Otras
arquetas de marfil y madera, de variados estilos y técnicas,
forman este tesoro, destacando una pequeña caja de marfil
de estilo califal con motivos vegetales firmada por Halaf.
De fines del XI, es otra arqueta recubierta por finas
planchas de marfil y decorada con círculos incisos con
escenas de cetrería. Completan la colección un tercer
cofre románico de madera pintada del siglo XII y otra
arqueta de estilo francogótico.
Fuente del articulo:
revistaiberica.com - Grandes reportajes - fotos la torre. |