Notas
[1]
tomadas de la "Probanza
del Fiscal y los de Yttero contra el abad y monjes de
la Villa sobre jurisdicción baja y mediana"
por el Lic. Pedro Garcés, 1544 - A.G.N. Monasterios-Fitero,
nº 5, ff.49-58.
"Otrosi
que el abad o abades Egüés que ha sido y es; y los
monjes que han sido y son, han acostumbrado y acostumbran
maltratar a los vecinos del dicho lugar de Ytero que
iban a pedir justicia al Mº contra algunos amigos del
Abad o otros frayles particulares"... f. 51 v.
En
prueba de ello, el vecino Miguel de Calderuela declara
que "desde
siete u ocho años a esta parte, los frailes Fr. Jerónimo
(de Mur) y Fr. Miguel de Gras están "infamados"
entre los vecinos, por estar "públicamente
amigados" (amancebados) con dos mujeres
casadas: el 1º con "Mari Pascoal", mujer de
Francisco Navarro, pelaire; y el 2º, con Cathelina de
Aguilar, mujer de Pedro de la Mata, soldado de la Compañía
de Santillana.
Los dos frailes han ahuyentado a los maridos y al
pedir estos justicia al Abad Egüés, éste no les ha
hecho caso, diciendo despectivamente a cada uno
"que fuese para bellaco".
Fr. Jerónimo tiene de María Pascual, dos hijas
(2), a las que mantuvo, mientras Mari estuvo en el
pueblo.
El marido, avergonzado, se marchó varias veces
del pueblo y al volver y querer entrar en su casa, fue
rechazado por su mujer, debiendo alojarse en casa de los
mesoneros Pedro San Juan y Juan Vizcaino. Cuenta
Calderuela que una vez presenció cómo" Fr. Jerónimo, en la mesma calle donde posa Maripascoal, a medio
día, a, a altas voces, dicho al dicho Francisco que
fuese para bellaco, que la casa donde vivía su mujer no
era suya, sino del dicho monge y que el dicho Francisco
no tenía nada en ella y que si lo alcanzaba allí, que lo iba a moler a palos".
Por
lo que hace al marido de Catalina, querida del vicario
Fray Miguel de Gras, al no querer hacerle justicia el
Abad, acudió al alcalde de aquel año Bertol Aguado,
quien ordenó a Catalina que acogiese en su casa a su
marido, porque, de lo contrario, "la
yubiaría engarrotada a la ciudad de Pamplona".
Entonces lo acogió de momento, pero le hizo la vida
imposible y "aburrido
y corrido", se marchó del pueblo, se enroló
como soldado y no volvió más a Fitero", f. 51 v.
y 52.
"Otrosi
que los abades y abad que al presente es y los monjes
que han sido y que al presente son, del dicho Monasterio
de Ytero y residen en él, han andado y andan de día y
de noche muy deshonestos en ábito, palabras y obras,
exercitando en juegos, cazas y en otros vicios y
ejercicios ylícitos y reprobados" f. 52.
En prueba otro testigo declara que en los 30 años
que hace que reside en Fitero, ha visto que los monjes "han
andado y andan de noche muy deshonestos y armados con
espadas y otras armas secretas" "disimulados,
alzados los ábitos y atados por la cintura, con capas
de pastores"; y que de día, los ha visto "en la plaça de Ytero", jugar " a la primera (carteta o parar) y al flux y al triunfo y a otros
juegos" (de cartas, especialmente al citado Fr.
Jerónimo (de Mur) a Fr. Pedro de Arguixo y a F.Adrián
(Remirez).
Igualmente ha visto "muchas
veces" a dichos monjes ir a
"caça de perdizes y liebres con reclamos y con
galgos" (f. 52)
Fr.
Pedro Bonilla estuvo "amigado mucho tiempo con María
de Arguixo, viuda, vecina de Ytero", de la que
tiene "dos hijas casadas": una, Elena, con un
hijo de Antón de Yangoas, y otra, Juana, con Juan Guillén.
(f. 52 v.)
Fr.
Juan de Clabijo, ya difunto, desde hace 18 años, estuvo
amigado, "mientras vivió", con otra casada. Fr. Pedro Guillén,
fallecido hace 14 años, anduvo amancebado,
"mientras vivió" con Catalina González,
de la que tuvo un hijo, llamado Pedro González.
Fr. Miguel de Vea, que se ausentó del Mº hace
tres meses, estuvo amancebado "mucho
tiempo" con una mujer de Cervera de la que tuvo
dos hijos: uno de ellos está casado en Fitero, y otro
se halla en Valladolid (balla de Olite). (F. 52 v.)
Otro
testigo, Juan de Calderuela, ratifica la afición al
juego y a la caza y a las mujeres, de los monjes,
incluyendo al abad.
Vio muchas veces a Fr. Serón de Mur jugar en la
plaza " a naypes" con vecinos y extranjeros, y
también en casas particulares (de Diego de Aguilar y
Juan Zapatero), "habiendo
de trabiesa veynte o trenta ducados".
Fr.
Gregorio, que murió hace 30 años, estaba "amigado"
con la Olivera, vecina de Fitero (f. 53).
Otro
testigo, Pedro de
Soria que hace 23 años fue criado de Dn. Martín Egüés,
abad del Monasterio, dice que los monjes iban muchas
veces a cazar conejos y perdices y liebres, y que tenían
"una podenca
y perdices mansas" y también hurones y perros
para la caza.
Añade que les ha visto jugar muchas veces "a naypes, a la primera y al matacán", en casa de Sebastián
Navarro y de Diego de Aguilar; sobre todo, a Fr. Jerónimo
de Mur, que se jugaba hasta "seys
ducados cada vez".
Asimismo jugaba a los bolos y el mismo Soria jugó
con él una vez y le ganó tres ducados.
Reafirma los amancebamientos de Fr. Jerónimo,
Fr. Miguel del Grao y Fr. Pedro Bonilla. f. 53.
Otro
testigo, Juan de
Azcoitia, declara que "en
todo su tiempo y memoria", por residir en
Fitero, ha visto "que
el abad y monjes no han guardado regla alguna en el
estar retraídos, como lo manda su Horden", que
"an andado y andan de día y de noche muy disolutos
por las calles de Ytero", y que hace unos siete
años, siendo él alcalde, se topó una noche con el
monje Fr. Juan de Huerta, sin hábitos, vestido con sayo
y una gorra "con huna espada en la mano y cantando". Azcoitia lo
reprendió y le dijo que si se topaba otra noche con él,
armando escándalo, lo llevaría a la cárcel.
Entonces los frailes - cinco o seys - llamaron al
Alcalde al coro de la iglesia y le dijeron
"que por qué había dicho las dichas palabras a
Fr. Juan de Huerta" y que se abstuviese en
adelante de meterse con ellos.
Confirma haber visto jugar a Fr. Jerónimo, Fr.
P. Bonilla, Fr. P. de Arguixo, Fr. Vicente, Fr. Marco
Calvo, Fr. P. Barea y a Fr. Juan de Huerta "a juegos de naypes, a primera, matacán, figurilla y otros",
dentro y fuera del Monasterio, así como "a bolos y pelota", jugando a veces con ellos y el abad
"asta cantidad de quatro o seys reales; pero que a
Fr. Jerónimo le ha visto jugarse de una sentada, 10, 20
y hasta 30 ducados.
Sobre el Abad atestigua que lo ha visto muchas
veces ir a la caza de "venados,
liebres y codornices", y que
"sale muchas veces a pasear en caballo y corre con
el dicho caballo" (f. 54).
Agrega que “hará
4 años, que vio salir una mañana a Fr. Jerónimo con
una ballesta
e ir a la oya la puente..... a matarse con Juan
Perez Sastre", y que éste, con un hermano,
fueron tras este fraile "con
sus espadas";
pero Sebastián Navarro y otros vecinos fueron
tras el monje y lo hicieron volver, reconciliándolos a
continuación (f. 54).
Relata
que hará dos años, Fr. Marco Calbo se acuchilló una
noche con Juan de Guete quien le dio una cuchillada en
la cabeza; que hará de ocho a diez años, que Fr. Andrés,
ya difunto, se acuchilló con Solórzano, soldado viejo,
dentro de la casa de Juan Vizcayno; y que Fr. Jerónimo
se acuchilló con Pedro de Ocón, dentro del Monasterio,
hiriendo a éste en el brazo.
Confirma el amancebamiento de Fr. Pedro Bonilla
con la viuda de María de Arguixo, agregando que, además
de las dos hijas: Elena y Juana, tuvo un hijo, llamado
Juan de Echabes, al cual casó en Ablitas con Ana de
Azpiroz y es ya difunto.
Asimismo confirma el amancebamiento de Fr. Miguel
de Vea con Catalina Alvarez, vecina de Cervera y que
tuvo con ella dos hijos: Bertol de Vea y Diego de Vea,
éste último fraile en S. Pedro de Valladolite, los
cuales "tienen
el nombre de su padre y se tienen por hijos del dicho
Fr. Miguel".
A Bertol lo casó en Ytero y le dijo una vez al
testigo (Azcoitia): "Ya
le tengo dados a Bertol en Añamaza más de 20 robos de
tierra de sembradura y con esos y con la Serna podrá
pasar a placer". (f. 54)
Corrobora
el amancebamiento de Fr. Jerónimo, diciendo que, cuando
nació Isabel, el fraile llevó al testigo y al
escribano Sebastián Navarro a casa de María Pascual, "diciéndoles que fuesen a ver su hija". Agrega respecto
de Fr. Miguel de Vea que
"de diez todos años a esta parte a dormido de
noche continuamente fuera del Monasterio, en casa de
Bertol de Vea, su hijo, donde tiene su casa y no en el
Monasterio y que iba solamente a comer y a las horas al
dicho Monasterio". F. 55.
Otro
testigo, Hernando
Ortiz, confirma la vida escandalosa de los monjes y
dice del Abad Egüés II, que desde hace cuatro años
que lo es, tiene siempre un caballo en su caballeriza -
y además una mula - y que hará dos años, estuvieron
en Fitero
"ciertos hombres d´armas", los cuales, un
día de fiesta,
"corrieron sortija en la calle que está fuera de
la Puerta de Santa Lucía" y que mientras corrían,
salió el abad a correr con ellos, montando en su
caballo, "con una máscara en la cara porque no lo conociesen y llevaba una saya
verde de mujer de la cintura en bajo, y de la cintura
arriba, de negro, y en la cabeza, un velo negro"
y con este disfraz, corrió dicha sortija "cinco
o sys veces", no marchándose de la plaza hasta
que se acabó la fiesta, reconociéndolo el testigo al
quitarse en su presencia el abad su máscara, dentro del
Monasterio. (f. 55)
Agrega
que ha visto al abad andar de noche, en compañía de
otros monjes, la noche de "carnes
tuliendas", y que otras noches, ha visto andar
por las calles
"disfrazados con capotes y capas", a Fr.
Marco Calbo, Fr. Vicente, Fr. Pedro de Arguixo, Fr. Jerónimo,
así como a Fr. Llorente y Fr. Pedro García “con
espadas", y de día, andan todos por las
calles, "muy
deshonestos en palabras y obras”. Agrega que Fr.
Marco Calbo anduvo
"amigado con Magdalena Aguado”, "mujer
pobre, hija de Antón Aguado" y que se citaba
con ella en una pieza "que
solía ser sacristía que está en par de la soga de la
campana en la mesma iglesia de Ntra. Señora de Ytero".
Dice de Fr. Pedro de Arguixo que
"está ynfamado de cuatro o cinco años a esta
parte", por estar amigado con María de
Atienza, mujer de Juan de Vea, vecina de Ytero.
Fr. Juan Cerbero, prior del Monasterio, estuvo públicamente
amigado con la mujer de Francisco el herrero, "la
cual ha que murió dos años". (f. 55)
Añade que los ha visto jugar muchas veces, a los
monjes, a la primera, al aequin y al matacán. f. 56
El
testigo Juan Gómez
del Moral afirma que el Abad Egüés II,
"agora dos o tres años", en las fiestas
de Navidad, hallándose presente el testigo, "danço huna moruna con sus ábitos, en la plaça de Ytero, en
presencia de todo el Concejo del dicho lugar, con una
muger cuyo nombre no sabe, estando el dicho Concejo con
el emperador, que hacostumban haya por las fiestas de
Navidad". Corrobora la afición de los monjes a
la caza y el juego, y el amancebamientos de Fr. Juan
Cerbero, prior del Monasterio, "públicamente,
dos o tres años, con gra (Gracia), mujer de Francisco
Pardo el herrero, la qual ha que murió un año";
así como los amancebamientos de Fr. Miguel de Grao, Fr.
Pedro Bonilla (f. 56) y Fr. Miguel de Vea, del que dice
que ha tenido de la cerverana Catalina Alvarez "quatro
hijos", de los cuales uno murió, otro es
Bertol, el tercero el fraile en S. Pablo de "Valla
de Olite", y el cuarto vive con su madre (f. 56
v.).
El
testigo Juan de
Calderuela, "menor
de dias", dice que ha estado tres o cuatro
veces con el Abad Egüés II, a la caza de venados
"en Yerga que
es huna granja o ermita" del dicho Monasterio,
a tres leguas de Ytero", y que iba el abad
"sin hábito, vestido hun sayo verde y capote de la
misma color" y una ballesta al hombro y una
aljaba o buraque para llevar las viras en las espaldas y
que le ha visto también esgrimir algunas veces, dentro
del dicho Monasterio, con Pedro de Vea, escribano de
Ytero, y dançar con tamborín, en el dicho Mº, quatro
o cinco veces morunas, con trapos y lecayos, en
presencia de Rodrigo Calvo, Francisco Hurtado, Francisco
Vélez barbero, Pedro el sastre y otros vecinos".
Corrobora lo del baile de la morisca en la fiesta
de Navidad, pero "cree
este testigo que el dicho emperador le mandó dançar al
dicho abad, porque vio que el emperador mandó dançar a
otros" (f. 56 v.). Confirma asimismo las
carreras del abad con su caballo, diciendo que lo ha
visto correr "algunas
veces en el campo en los arenales debajo el Soto y en el
tiero de Valdecalera", así como su participación
en la sortija, detallando que el hombre de armas se
llamaba Vilalobos y que el abad salió con él del Mº,
la compañía de su sobrino Charles, vecino de Tudela,
de Juan de Azcoitia y del mismo testigo.
Añade que ese mismo día u otro, pues no se
acuerda bien, vio al abad correr en su caballo "hun ansarón y hun gato", que estaban colgados en la misma
"calle o
plaza que está fuera de la Puerta de Santa Lucía";
y que el abad "encontró con el caballo a Jaime Francés, vecino de Ytero, yendo
corriendo, porque se arrimó el caballo hacia la gente y
no pudo guiarlo adonde quería el abad, y lo derribó en
tierra y de la caída se descalabró en la cabeza y de
la herida le salió mucha sangre al dicho ...... Francés
y estuvo muy malo en la cama, a punto de muerte".
Corrobora las salidas nocturnas de los frailes,
disfrazados y armados con espadas y broqueles; y su
afición a los naipes: al matacán, al quinze y al pas,
etc.(f. 57). En el f. 57 v. sigue confirmando los
amancebameintos ya anotados de Bonilla, Jerónimo
Cerbero, etc. y en el f. 58 añade los de Fr. Pedro de
Arnedo con tres mujeres: Magdalena de Guete, hija de
Juan de Guete; con la mujer de Miguel de Sancha y con la
de Alonso González, aunque dice que él no le ha visto
entrar más que en la casa del último.
Le servía de tapadera o alcahuete a Fr. Pedro de
Arnedo su pariente María de Arnedo en cuya casa se
avistaba con Magdalena.
Un día lo hizo, volviéndose de la procesión
que hacían los vecinos y habitantes de Fitero "de siete años arriba, a San Pedro de los Baños",
"todos los
veranos".
Otro
testigo, Jaime de
San Miguel, dice que una noche hará tres años,
Juan de Guete y un primo suyo se acuchillaron con Fr.
Marco Calbo el notario Pedro de Vea, saliendo herido en
la cabeza el fraile por una cuchillada de Juan de Guete
(f. 58).
Añade
que en el verano del presente año, Fr. Vicente salió a
matar a la Puerta del Portillo a Salcedo, yerno de Juan
Navarro.
El fraile llevaba un casco en la cabeza y Salcedo
se lo hizo saltar de una pedrada.
La cosa no llegó a mayores, porque lo impidieron
los vecinos (f. 58-59 v).
Otro
testigo, Pedro
Moreno, alcalde, confirma las cuchilladas a Fr.
Marco Calbo y añade que, hará un mes, a Fr. Pedro
Garra le dieron otra cuchillada en la cabeza,
"entre las dos y tres horas después de media noche",
y aunque hizo pesquisas, no se supo quien fue (f. 58 v).
Otro
testigo, Juan de
Calderuela, confirma lo de las cuchilladas a los
anteriores; y lo mismo testifican Pedro de Soria,
labrador; Juan de Varea, Miguel de Calderuela y otros, añadiendo
que "abrá
doce años que Fr. Uñón, donado del Monasterio se
acuchilló con Bertol Aguado, vecino de Fitero”
(f. 59). "Otrosi
que todas las cosas arriba dichas, malos tratamientos
que se han hecho y se hacen a los vecinos, y los juegos
y cuchilladas y hurtos se han cometido y cometen,
disimulado y disimulan a causa de tener usurpado el abad
y monjes la jurisdicción del dicho lugar, vecinos y términos
de aquél".
...........................
Ante
el abad Miguel de Peralta se presentó un día un vecino
casado para quejarse de que un Padre de la comunidad,
que pasaba todas las noches en su casa, no le permitía
entrar en ella ni estar con su mujer, teniendo que
soportar encima las burlas del vecindario; y la
respuesta del prelado fue tajante: "si
vuesa merced no quiere sufrir enojos, váyase del
pueblo y tome plaza de soldado". Jimeno Jurío,
Caciquismo en la Ribera, en Punto y Hora de Euskal
Herria, nº 46, p. 29. 28-VII al 3-VIII-1977.
(1)
Una se llama Isabel, y la otra, Magdalena, f. 53 y f. 55
(Magdalena es la mayor).
[1]
Notas recogidas por Manuel García Sesma. Legado.
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