1140-1157:
Desde Yerga a
Fitero, pasando por Niencebas y Castellón
En
1140, por petición del Emperador de Hispania, Alfonso VII
(rey de Castilla y León), llegaron de Escala-Dieu (Saint
Gaudens, Francia) los fundadores del Monasterio de Santa
María de Yerga (término de Autol, La Rioja), quienes
poco después, en 1141, y sin cerrar el anterior
Monasterio del que todavía se pueden ver sus ruinas,
abrieron nuevas dependencias en la Villa desierta de
Niencebas (término de Alfaro, a las faldas de Yerga, del
que no quedan restos). En Niencebas es donde el Abad
Raimundo sucedió a Durando como cabeza de dicha comunidad
cisterciense y desde donde comenzó a adquirir los
terrenos del valle del Alhama que hoy pertenecen a Fitero
y que entonces pertenecían a Tudején. Villa que, junto
con sus balnearios y su castillo, fue donada al Monasterio
por Alfonso VII y su hijo Sancho III de Castilla.
Desde
1144 se conoce a San Raimundo como abad de Castellón,
donde estableció un nuevo convento en lo que hoy está el
antiguo molino y fábrica de chocolate del barrio bajo de
Fitero (todavía quedan varios arcos de la estructura de
su iglesia), que entonces era un descampado sin ningún
tipo de población. Finalmente, desde 1157, San Raimundo y
sus sucesores son conocidos como abades del Monasterio de
Fitero, que se corresponde con la actual Iglesia
Parroquial de Fitero.
1157:
Tratado de Tudején
El
27 de enero de 1157, Alfonso VII, Ramón Berenguer IV
(Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón), firmaron el
tratado de Tudején, entonces pertenecía a Castilla y hacía
frontera con Navarra y Aragón (de ahí el nombre que tomó
después: Fitero, etimológicamente: hitero, de hito, mojón,
muga o frontera), por el que se prometían ayuda mutua
para dividirse el reino de Navarra y fijaban las zonas de
influencia de cada uno de los reinos que pensaban
(re-)conquistar en Al-Andalus: Murcia, Denia y Valencia
corresponderían a la Corona de Aragón y el resto de Al-Andalus
quedaría sometido a la tutela Castellano-Leonesa.
Ni
el acuerdo sobre Navarra, ni el concerniente a los
musulmanes pudieron ser llevados a la práctica, pero
ambos tuvieron consecuencias importantes: Navarra, aislada
en la zona pirenáica y sin salida hacia el mundo musulmán,
inició el acercamiento a Francia, y la fijación de los límites
entre Castilla-León y Aragón-Cataluña creó problemas
continuos entre ambos reinos hasta la segunda mitad del
siglo XIV.
1158:
Fundación de la
Orden de Calatrava
En
1158, Sancho III de Castilla donó al Monasterio de Fitero
la Villa de Calatrava. San Raimundo fundó la orden
militar de Calatrava y no se tiene noticia de que volviese
posteriormente a Fitero. En 1161, le sucedió como abad
Guillermo y se restableció completamente la vida
cisterciense en el Monasterio de Fitero.
1373-1374:
El Imperial
Monasterio de Santa María la Real de Fitero es declarado,
definitivamente, parte del reino de Navarra
Aunque
al presente, el sitio y territorio del Monasterio de
Fitero está dentro de los límites y mojones del antiguo
reino de Navarra, al tiempo en que se fundó era el sitio
de Castilla, y antes de que se fundase había sido
territorio de Navarra hasta que el Emperador de Hispania
Alfonso VII lo incorporó en la corona de Castilla y se
tuvo por sitio y territorio de ella hasta el año 1374, en
el que hallándose el Rey Carlos II de Navarra en la Villa
de Olite, a 28 de abril, dio poderes para que recibiesen
jura, vasallaje y homenaje al Abad y convento de dicho
Monasterio y al Alcaide de Tudején.
Previamente,
el 3 de Octubre de 1373, el Cardenal Guido de Bolonia, por
mandato papal, pronunció sentencia en Tudela a favor de
Carlos II de Navarra. Con esto se cerraban las disputas
abiertas desde que Alfonso VII se apropió de Tudején a
la muerte, en 1134, de Alfonso I, rey de Navarra y Aragón,
quién, a su vez, lo había conquistado a los árabes del
reino de Zaragoza en 1119.
1482:
Fundación de la
Villa de Fitero como repoblación de la de Tudején
El
Abad del Monasterio de Fitero, D. Miguel de Peralta,
considerando el riesgo en que estaba el Monasterio en
sitio tan desamparado, en virtud de las licencias reales
que tenía para reedificar la villa de Tudején, que ya
estaba del todo desierta, empezó a llamar y admitir
moradores y poblar su Villa el año de 1482. Hasta
entonces, el Monasterio contaba sólo con un Barrio o
Cortijo, que hoy mantiene el nombre de cortijo, donde vivían
los criados, pastores y oficiales.
El
Monasterio estaba cerrado con almenas y había tres
torres: una pegando al testero de la Librería, que está
hoy a mano derecha, otra en la Cortina antigua, que
posteriormente sirvió de Lagos, y la tercera cerca de la
Girola o Chirola, que después sirvió de Palomar y fue
conocido como “el Palomar de los Abades”. También las
casas de los criados y pastores estaban fortalecidas con
su cerca y contracerca con almenas y saeteras; y cuando
los criados presumían que venía gente de guerra,
cerraban las dos puertas que tenía el cortijo, con
cadenas y demás cerraduras que usaban en aquél tiempo, y
subiendo a la muralla con cantidad de piedras y saetas, se
defendían con “grande esfuerzo y valor” y cuando
“conocían que no podían defenderse”, por ser mucha
la gente de guerra que venía, se retiraban a la Iglesia
del Monasterio entrando en ella por una puerta que había
excusada, cerca de Nuestra Señora de la Barda (que al
presente está cerrada). En la Iglesia tenían unas arcas
grandes, donde metían el “trigo y demás alhajas” y
las caballerías las dejaban en Cervera. Para salir a
trabajar las heredades, enviaban primero a las mujeres,
para que reconociesen el terreno y comprobasen si había
gente por los campos, una vez seguros de que no la había,
salían los hombres a trabajar, pero dejaban un hombre de
atalaya en el tejado de la torre para que tocase la
campana grande, si advertía venir gente, y con esta señal
acudiesen todos al cortijo.
Así,
el pueblo o villa de Fitero comenzó extensión de casas
contiguas al cortijo, pagando como alquiler anual una
gallina.
1548-1563:
Intento de
fundación de una Villa independiente del Monasterio de
Fitero.
Sesenta
y seis años después de su principio, los cerca de 800
vecinos de la Villa de Fitero acudieron al príncipe
Felipe II y obtuvieron de su alteza una cédula real para
hacer una nueva población en los montes de Tudején y
Niencebas. Pero después de mucho litigar, en 1563, el
Consejo de Navarra informó a su Majestad de que estos
montes eran propiedad del Monasterio de Fitero y así los
fiteranos tuvieron que esperar a las desamortizaciones de
comienzos del siglo XIX para verse finalmente
independientes del poder del Monasterio.
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